martes, 16 de agosto de 2011
lunes, 18 de julio de 2011
domingo, 3 de julio de 2011
Olvido
Una gran oquedad rematada por un canuto, así se nos presenta el Olvido a guisa de utensilio. Su tamaño se ve reducido solo ante los efímeros y en raras ocasiones frente a la procesión de martillos que, no está de más decirlo, representan lo mismo que los primeros aunque obviamente con más solidez y contundencia.
Como se puede constatar en la sección correspondiente, muchas apariciones estelares de los efímeros son realizadas en carácter representativo de otra entidad. Les gusta tomar prestado el simbolismo ajeno e individualizarlo desde “el brazo que sale de la nube”, un recurso teatral enseñado por el Absurdo para subrayar la naturaleza transicional de cada particular.
La compañía de los efímeros es una constante en las presentaciones del Olvido. Podemos distinguir esta relación en varias situaciones, como en el caso donde el Olvido arrastra dentro de un acotado corralito al efímero del Tiempo. En otro ejemplo nos encontramos con el embudo a manera de canasto recorriendo los hemiciclos rioplatenses colgado de un aerostato formado por un conjunto de nuestros fugaces compañeros. Muy sugerente es también el número en el cual el Olvido interpreta a lo Hamlet las líneas sesudas acerca de su relación con el mundo frente a frente ante un pequeño efímero. Nótese el logro escenográfico de los martillos sudados y la inclusión de la idea de la Nada como telón de fondo.
En las temporadas de sudestada el Olvido despliega sus alas. El artificio es usado con autoridad por la entidad a cargo de borrar de un plumazo cualquier intento de permanencia.
El interior del Olvido es –como muchas cosas de este Teatrito– insondable. Sin embargo la boca de la entidad es tan amplia que en algunas representaciones deja entrever parte de su ocasional contenido. La crítica especializada sostiene que estas situaciones no son accidentales, que el Olvido oculta y deja ver lo que quiere en su afán de lograr una actuación exitosa. En El Miedo y la idea de la Nada lo vemos, a pesar de su rol de reparto, manifestarse con gran despliegue y derramar su interior... ¿en forma de árbol líquido? ¿o son raíces puestas hacia arriba? Y esa forma entre las ramificaciones que surge desde la izquierda, ¿es un hueso?
El Olvido puede ser un excelente escenario para las interpretaciones de las demás entidades del Teatrito. Es más, hay quienes sostienen que este embudo emblemático es el escenario del Teatrito. El encuentro pugilístico entre el Destino, el Tiempo y Hueso es ejemplo de esta posibilidad.
Poco queda del espectáculo titulado a la sazón Olvido destructor. Únicamente ha llegado hasta nosotros un emblema, parte de un afiche de presentación de un largometraje en que el protagonista –cabe presumir– se lleva todo con sus cuatro martillos.
miércoles, 29 de junio de 2011
domingo, 26 de junio de 2011
viernes, 17 de junio de 2011
sábado, 11 de junio de 2011
domingo, 29 de mayo de 2011
viernes, 13 de mayo de 2011
Al Pedín
Al Pedín es una figura crepitante dentro del elenco estable del Teatrito, sus explosivas apariciones subrayan su capacidad de empañar cualquier sentido sobre la acción en desarrollo. Su función es pedestre: mientras el Absurdo mantiene su lidia constante contra el abismo, nuestra entidad se ocupa de los pequeños vacíos, aquellos que se abren ininterrumpidamente sobre los actos, las voluntades y los deseos de quienes lo rodean.
Al Pedín es acéfalo. Hace de su vaporoso cuello una extremidad complementaria, flexible, capaz de adquirir la forma necesaria con la cual emitir su mensaje petardesco. Sus fanfarrias poseen un aire de carnaval. Se dice que su onomástico es celebrado en los días en que la fiesta popular coincide con el regreso de los veraneantes a su trabajo.
En las sociedades acomodadas Al Pedín se siente a sus anchas. Durante su gira alrededor de la comunidad europea, el número de apariciones de nuestro personaje era semanal. En el Teatrito rioplatense, en cambio, su figura es opacada por el Absurdo, el cual ve en las continuas avenidas que se abren sobre el libreto un desafío a su propia carrera profesional.
El poder de Al Pedín fue una elogiada presentación de nuestro actor en varias ciudades del Mediterráneo europeo y repetida con estilización de carácter en ambas orillas del Plata. En esta escena, Al Pedín sostiene con convicción fundamentalista el emblema del Absurdo sobre una esfera que, como sabemos, tiende a significar el dominio del orbe. Otra actuación algo acartonada aunque aguda en su mensaje es aquella en la cual el adalid de las causas inútiles hace su aparición junto al Dolor. Su habilidad para mantener al Dolor suspendido sobre su propio aliento ha sido imitada por una gran mayoría de los espectadores del Teatrito. Las escenas Hueso pasa sobre Al Pedín y Paisaje con Al Pedín muestran a nuestro paladín saludando de las dos maneras que, según las circunstancias, considera sus favoritas.
domingo, 8 de mayo de 2011
miércoles, 27 de abril de 2011
viernes, 15 de abril de 2011
viernes, 8 de abril de 2011
lunes, 4 de abril de 2011
Miedo
En la icónica escena de Los trece realizada en Buenos Aires en septiembre de 2007, la procesión de nuestras entidades fue presidida por el Miedo, distinguido abanderado de la Idea de la Nada. Solo bastó una fugaz interpretación para dejar constancia del potencial que esta figura posee. Sin embargo y como mencionábamos al principio de nuestro estudio, es sintomático cuán poco aparece el actor considerando su enorme caudal simbólico. Parte de su ostracismo seguramente se deba a su tosca apariencia. Quien esto escribe considera que la representación del Miedo como un cubito de hielo no ha sido una elección feliz. Su recortada apariencia geométrica y la inexpresividad de su figura han contribuido a su baja estima por parte del público y de la crítica. Confiamos en que un drástico cambio de actitud y una revisión de su imagen le otorgarán a este actor –en un futuro próximo– el relieve que merece su categoría.
A pesar de nuestras aseveraciones se nos ha informado sobre nuevas y esporádicas participaciones del Miedo durante el mes de enero de 2009. Estas, de modo curioso, como un ensayo tras bambalinas, han tenido lugar en la vecina orilla de Colonia del Sacramento. Lamentablemente no hemos podido incorporar a esta miscelánea ese plus de escenas que sin duda habrían aportado algo de variedad a nuestro breve informe.
viernes, 18 de marzo de 2011
jueves, 3 de marzo de 2011
lunes, 28 de febrero de 2011
La Llamita
La Llamita del carácter o Llamita de la existencia son dos variantes del nom de plume que ha elegido nuestro personaje para hacer sus apariciones en escena. Su baja figura, algo aniñada, la coloca, al menos desde un punto de vista escenográfico, en desigualdad de condiciones ante el resto de las entidades. Sin embargo no habría que desestimar su importancia. Algunos seguidores suponen que el Teatrito es en realidad una proyección, cual teatro de sombras, surgida desde la percepción de esta pequeña y titilante actriz de reparto. Este movimiento, llamado pirocentrista busca quitarle protagonismo al Absurdo. Los partidarios de este último, los absurdutistas, en cambio, tienden a considerar a la Llamita como, dicho con sus propias palabras,“el último orejón del tarro”. Desestiman que las intervenciones de la fulgurante sean trascendentales en el todo de la obra. Lejos de los extremismos, quien esto escribe tiende a valorar los esfuerzos de esta actriz que en su afán interpretativo busca representar el aliento vital, el deseo de ser, la conciencia de sí; conceptos que este autor y seguramente el espectador del Teatrito encontrará merecedores de simpatía.
En Mojones del Destino nuestra actriz aparece a caballo de la rueda característica de la entidad, la cual, poseedora de dos poderosos brazos a lo “Popeye”, sostiene en sus palmas sendos teresos. La escena ha sido celebrada por su agudeza, como alegoría de la existencia, en relación a la peculiaridad de su sino. Complementaria a esta es una breve situación donde encontramos a la Llamita tomándose expresivamente la nariz en señal crítica ante lo que Al Pedín, primo-hermano de las potestades fecales, tiene para ofrecerle.
El remolino es un recurso poco usado en el Teatrito a pesar de que se lo podría considerar muy en sintonía con la obra. La Llamita es una de esas entidades que ha rescatado el elemento escénico para mostrarse rodeada de todo aquello que la atribula. Esto, por supuesto, no es casual. El remolino logra situar a la protagonista en el centro mismo de la atención de los espectadores con el presupuesto de sacrificio al que conduce ubicarse en tal paradigma (confusión, inestabilidad, movimiento perpetuo, etc.). Los pirocentristas suponen que la Llamita es víctima de esta centralidad padecida por su capacidad de conciencia. Los absurdistas en cambio sostienen que no existe ningún mérito en ser víctima de las circunstancias. En Remolino, justamente, podemos ver desde arriba y en dirección a las manecillas del reloj a: Dolor, Tiempo, Absurdo y Olvido en las diversas variantes del “brazo que sale de la nube”.
A la Llamita le gusta ingresar al ruedo de la obra en diálogo con las entidades superiores y sentir que lo suyo es un duelo donde –para bien o para mal– el beneficio lo consigue igual: al agregar el drama o la comicidad necesarios para subrayar su protagonismo. La centralidad de la actriz no siempre es lograda. Aquellas apariciones en las que se ubica en medio de la escena tienden a ser poco actuadas, esperando –pareciera– que sea el espectador quien realice el esfuerzo de interpretar su congelado mensaje. Un ejemplo claro de lo expresado lo encontramos en Patrón de fondo en donde la Llamita se presenta de frente, inmóvil cual escudo de medusa, junto a un fondo encadenado de huesos.
Por el contrario, la relación de la Llamita con la Flor es siempre dinámica. A este particular dúo podemos encontrarlo en situaciones de enternecedora poesía, a diferencia de la aspereza con que el resto de la troupe teatral negocia sus intercambios. La Llamita hace uso de la Flor para elevarse por sobre los demás, prueba de esto es la escena titulada El viaje: aquí la Llamita “cabalga” sobre el sofisticado escorzo de un brote de tallo largo y hojas extendidas como alas. Más frecuente, sin embargo, es la escena del reencuentro entre los dos compañeros .
La Flor en su rol secundario cumple estas y otras funciones; es a la vez ideal de belleza, compañera de viaje, consuelo y horizonte. Finalmente, la Llamita, en una pieza irónica denominada Salto a la fama, aparece saliendo del borde del Olvido para dar un paso adelante, hacia el vacío.















