lunes, 4 de abril de 2011

Miedo

En la icónica escena de Los trece realizada en Buenos Aires en septiembre de 2007, la procesión de nuestras entidades fue presidida por el Miedo, distinguido abanderado de la Idea de la Nada. Solo bastó una fugaz interpretación para dejar constancia del potencial que esta figura posee. Sin embargo y como mencionábamos al principio de nuestro estudio, es sintomático cuán poco aparece el actor considerando su enorme caudal simbólico. Parte de su ostracismo seguramente se deba a su tosca apariencia. Quien esto escribe considera que la representación del Miedo como un cubito de hielo no ha sido una elección feliz. Su recortada apariencia geométrica y la inexpresividad de su figura han contribuido a su baja estima por parte del público y de la crítica. Confiamos en que un drástico cambio de actitud y una revisión de su imagen le otorgarán a este actor –en un futuro próximo– el relieve que merece su categoría.

A pesar de nuestras aseveraciones se nos ha informado sobre nuevas y esporádicas participaciones del Miedo durante el mes de enero de 2009. Estas, de modo curioso, como un ensayo tras bambalinas, han tenido lugar en la vecina orilla de Colonia del Sacramento. Lamentablemente no hemos podido incorporar a esta miscelánea ese plus de escenas que sin duda habrían aportado algo de variedad a nuestro breve informe.


viernes, 1 de abril de 2011

lunes, 28 de marzo de 2011

Injusticia

“La Injusticia es un pilar dentro del grupo teatral rioplatense. Su balanza de astiles abiertos impone una presencia poderosa sin necesidad de diálogo o acción. El dentado plato que da simbolismo a su sustancia se muestra sobre nuestra obra a modo de luna creciente, brillante en el cielo nocturno de las entidades.” Estas afirmaciones –expresadas desde el Absurdo– intentan ocultar en el floreo verbal un hecho concreto: las actuaciones de la Injusticia son enervantemente hieráticas. La entidad es una de esas actrices que no hace casi nada, deja que los demás actúen por ella y es por medio de este arcano teatral que nos ocupa que logra aumentar su presencia por gracia del esfuerzo de los otros. Por cada vez que el Dolor, actor de renombre, sale a escena, la Injusticia gana en estatura; por cada vuelta del Destino, su plato partido reluce aun más. Ni que hablar cuando Hueso hace su deus ex machina: un coro de letanías exclama a favor de esta actriz de pocos méritos y mucha prensa.

Hemos elegido para esta miscelánea las dos escenas que a nuestro entender mantienen cierta interacción con el conjunto de la obra. En El Absurdo a bordo del plato sano vemos a nuestro director balancearse en la balanza mientras la Injusticia lo observa de reojo con la desconfianza propia de las actrices sin talento. En Intercambio sendos efímeros permanecen sobre los platos de la balanza otorgando la impresión apropiada: nuestra entidad es incapaz de dirimir de modo ecuánime las cosas que caen sobre su égida.


jueves, 24 de marzo de 2011